24.11.06

XV) Koyaanisqatsi


Nadie que no piense por sí mismo puede abrir ninguna Puerta a Irrealidad. Acaso le hagan cruzar alguna (de lo cual apenas será consciente), o quizás intuya su presencia como una vaporosa luminosidad (u oscuridad) donde no debería haber ninguna, pero nunca podrá entrar en el Reino por propia voluntad.

Es por eso que arranco esta hoja del cuaderno rojo y la tiro al suelo: para que cualquiera pueda cogerla, quizás tu mismo, estés versado o no en las Fronteras, seas un individuo o sólo alcances la categoría de órgano de algún ser más complejo. Me permitiré este capricho.

Porque esta hoja describe una puerta que no está hecha del alabastro de la ira, ni sus jambas se ocultan entre malezas de ansia, ni su sustancia tiene la levedad de la duermevela.

Es una puerta de madera, funcional y correctamente barnizada.

Así que crúzala como haces todos los días, pero trata esta vez de poner algo más de atención, si no al umbral, sí a las diferencias entre lo que dejas a tu espalda (¿la serenidad anhelante de un recibidor?, ¿las múltiples promesas de un pasillo?) y el mundo al que te enfrentas con la piel fría y el estómago demasiado caliente y dolorido por el café. Afirma el nudo de tu corbata, aprieta tu presa sobre el asa del maletín negro (tan temprano y ya te empiezan a sudar las manos), y dirígete a tu inerte vehículo, al que le tienes que arrancar una chispa de vida en menos de diez minutos exactamente si te has planificado bien y el tráfico acompaña, de lo que depende tu sueldo. Conduce como todos los demás (hay millones como tú, pero lo más terrible es que parecen estar todos ahí, a tu alrededor) mientras la cabeza se te pierde en los preparativos de una jornada que no te va a dejar sitio para otra cosa. Deja que la niebla negruzca de tanta vacuidad invada tus poros, pero por dentro, y sea la cáscara hueca de un pellejo inflado por ella la que se contorsione entre los despachos repartiendo órdenes e indiferencia en dosis equitativas, cuando no esté ocupado como contenedor de tus instintos depredadores, que han debido quedar bien afilados antes de llegar aquí por la cuenta que te trae aunque los hayas forrado de una suficientemente evidente funda de mentiras y dulce cinismo. Comienza así tu jornada y que no se levante la mirada de la conciencia ni un instante, al menos hasta que el sol caiga (no lo viste alzarse), y sobre todo, sobre todo, no te preguntes nada, amigo, sólo solázate en tu niebla negra y el brillo de tus instintos, y en el orgullo criado a lo largo de tantos años que te hace creer que tu vida es merecedora de tal nombre puesto que es mejor que otras (que no conoces) según una cierta medida metálica o de papel moneda. Y tampoco prestes atención a tu cáscara, ésa que contiene la niebla, ni a ningún cambio arrítmico y preocupante asociado a sus fluidos y sus válvulas, cada vez más enloquecidos pero todos extraños a ti, como si no te incumbieran, porque el más breve tiempo que te distraigas de tus infinitos deberes puede ser fatal, aunque no sabes, claro, para qué puede ser fatal exactamente.

Pasa así todas y cada una de las horas asignadas.

Cuando vuelvas a casa, ese lugar que es otra realidad que a veces incluso te molesta, es posible que encuentres esta hoja flotando en un charco como diminuta barcaza que lleva el secreto de tu Puerta, la única que puedes atravesar en tu mundo.

No dudo que no serás capaz de entender tan densa caligrafía, si es que siquiera te percatas de su presencia allá abajo junto a esos órganos absurdos (debido al desuso) que son tus pies.

Suerte, en ese caso, en tu corta vida desprovista de semántica.

8 comentarios:

Felideus dijo...

La música de acompañamiento le da un contrapunto muy interesante, algo siniestro, a la vida de ese alien (no por alienígena, sino por alienado).
Me gusta mucho que vayas cambiando de registros con cada nuevo relato, ya estoy esperando el siguiente :)

Jafma dijo...

Muchísimas gracias, Felideus :-) Intento cambiar de registro, aunque en mi opinión normalmente es sólo eso, un intento... Es de lo más complicao conseguirlo...

escritor1 dijo...

Como siempre, genial.
Bueno, no com siempre. Porque cada vez es distinto. Y eso es un puntazo, querido tocayo.
:-D

Jafma dijo...

Gracias, tocayo, un gustazo que guste :-)

Anónimo dijo...

Joooooooooooorrrrrr, qué mal rollitoooooo.

Hijo, cada día te superas más, eso sí, miedito la músiquita, miedito. XDDDD

Jafma dijo...

Si es que ya no sé qué deciros, salvo gracias por seguir interesándoos :-)

Eso sí, espero que haya otros que den más miedo ;-)

Santiago Eximeno dijo...

Eso, eso, que continúe el miedo :)
Excelente, J.A.

Jafma dijo...

Gracias, Santi :-) No será hoy, no será mañana, pero en algún momento habrá miedo (si me atrevo :-))